| Aunque no sea simple |
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| Thursday, 07 de February de 2008 | |
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Pensar en las cosas malas, de este lugar tan plural en el que nos tocó vivir, hasta puede resultar engorroso y, por más, desalentador. Es una práctica que pocos seres humanos se animan a hacer. Es difícil y también algo fuera de lo común. Pero a veces, y sólo por momentos -no pido más-, puede intentarse. “No es necesario ser Mahatma Gandhi”, eso dije yo en una de mis primeras columnas por este medio… y es cierto, sigo creyendo en esa propuesta. No hay que hacer demasiado. De vez en cuando ayudar a alguien esta bueno, porque además de ser un acto enriquecedor, es algo que debe hacerse. Es simple: darle al que no tiene, lo que no nos resulta vital, lo que pude sobrarnos. Y esto no requiere de un esfuerzo mayor que el de sensibilizarse con cada acto de injusticia. Donde se ve la desigualdad más pueril, hay que atacar con la cordura de compartir lo que es necesario, lo vital. Sé que resulta difícil escucharlo y asumirlo.
Pero más difícil aún es practicarlo. Debe ser un acto cotidiano. Una práctica que exige concentración, aunque haya distracciones habituales. Parece casi imposible, pero vale la pena intentarlo. Federico Guido Fiorentino |
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