Uno de los primeros instrumentos clave en el desarrollo de la legislación sobre derechos de niños y niñas fue la declaración en 1924 de los Derechos del Niño por parte de la Liga de Naciones. Sin embargo, los derechos de niños y niñas tal como los conocemos hoy surgieron de la adopción por parte de Naciones Unidas de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) en 1989, que sustituyó a la antigua declaración.
La foto de la izquierda es de este Campamento, el cual pudo ser llevado a cabo por muchos motivos, pero uno de ellos y muy importante por la colaboración de Fabrizio y su familia, amigos y scouts con residencia en Avezzano, Abruzzo (Italia).
¡Tú y Yo somos de la misma sangre!… es un proyecto del Grupo Scout 217 Matterhorn que pretende el desarrollo de actividades conjuntas con colectivos de inmigrantes a fin de contribuir a la integración social de éstos y la educación intercultural de nuestros jóvenes. ¡Tú y Yo somos de la misma sangre!… pretende el desarrollo de un modelo integrador, en el cual, los jóvenes puedan tener una participación activa a través del desarrollo de actividades en las que se favorezca la integración de un sector de personas inmigrantes a la vez que se trabaja la educación intercultural de los chicos y jóvenes de nuestro grupo.
Hubo una época muy larga en la que convertirse en ser humano consistía en reproducir los hábitos, las ideas y las palabras que usaban las mujeres y los hombres de generaciones anteriores. Reproducirlas lo más fielmente posible, porque cualquier cambio podía convertirse en un error fatal, dado que la única fuente de conocimiento que tenía la humanidad era la experiencia de las personas que vivieron antes.
Por esto ni siquiera se sabía que la cultura podía ser distinta, que la vida podía ser distinta. Los antiguos habían vivido de una cierta manera y la tarea de las generaciones era transmitir a las criaturas nuevas las pautas que las llevarían a vivir del mismo modo, copiando todos los detalles heredados.
Toda innovación era castigada por peligrosa, porque podía destruir un edificio tan frágil y tan costosamente elaborado.
Un edificio del que ni siquiera se sabía que era construido, sino que parecía el único lugar habitable, la única forma posible de vivir: las cosas eran así porque no podían ser de otro modo, y además, generalmente, algún dios había prescrito que así fueran y todo cambio hubiera sido pecado.







