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La Utopía como motor

by j.s.t

Si esta tarde sales a la calle para realizar una encuesta sobre cómo definen las personas el término de Utopía lo más seguro es que te encuentres con respuestas peligrosamente homogéneas, sin importar la edad, el país o la inclinación política del encuestado, y muchas de las definiciones estarían inundadas de palabrotas como “incapaz o imposible”.

Parece que existe cierto desacuerdo sobre los conceptos de Utopía-Distopía, que se usan con despilfarro y de manera descuidada, o que directamente no se usan porque no encuentran su lugar.

En mi opinión la Utopía nace con la capacidad que poseemos las personas para inventar. Con esa necesidad de imaginar lo que puede llegar a ser, o pudo haber sido, en función de lo que está siendo ahora. Para ello nos basamos en indicios que nos rodean o con los que nos bombardean, y en observaciones que se encuentran en nuestro entorno más cercano, más lejano o que hemos ido forjando con vivencias personales.

Construimos juicios a raíz de pruebas y usamos causas para imaginar consecuencias, al igual que nos podemos anticipar al final de una película según el camino que haya seguido su protagonista y teniendo en cuenta todos los factores que pueden influir en su desenlace. Podemos acertar o no, es verdad. Predecir, pronosticar… Hacer conjeturas conlleva el riesgo de equivocarse y que todo quede en un intento fallido por dar en el clavo.

No pasa nada, el fin último no es acertar.

¿Y cuál es entonces el objetivo de las Utopías y las Distopías?

Quizá nos inyectamos DIStopías para vacunarnos de futuros venenos y estar prevenidos de lo que nos pueda pasar, o puede que las usemos como un sedante que nos hace conformarnos con lo que hay porque siempre podría ser peor. Algo así como “estate contento con lo que tienes, no te quejes mucho (o no muy alto) porque mira la que se avecina y ahí sí que habrá motivos para llorar”. Y quizá jugamos con las Utopías para encontrar un espacio en el que refugiarnos de aquello que no nos gusta y convencernos de que siempre podría ser mejor.

En cualquier caso parece que, lejos del pesimismo o la desesperanza que se le ha adjudicado (“¡Pensar así es muy utópico e irreal por tu parte!”), es una representación de optimismo y esperanza, una quimera que sirve como motor para saber hasta dónde podemos llegar, para abrirnos un abanico de posibilidades y con él recordarnos que lo que hay, para bien o para mal, no es lo único.

A lo mejor lo que pasa es que la Utopía es solamente una transición entre lo sorprendente de un cambio y el cambio en sí. Es ese paso necesario de primero diseñar un proyecto loco para después ponerlo en marcha, o de ponernos en marcha para perseguir ese proyecto.

Quizá nuestro error ha sido atribuirle el adjetivo de inalcanzable a los hechos que engloban una Utopía cuando lo inalcanzable es la Utopía en sí misma, porque cuando se alcanza se transforma su contenido y se convierte en realidad pura y dura, haciéndonos fijar objetivos nuevos.

Es por eso que podemos definir la Utopía de muchas maneras pero nunca tendrá cabida la palabra imposible porque, lejos de las diferencias que acepta definir algo tan complejo, la Utopía siempre será lo que, dentro de los indicios que tenemos, se nos presenta como posible.

“En la Utopía de ayer se incubó la realidad de hoy,
así como en la Utopía de mañana palpitarán nuevas realidades”



Ali Tamarit
Scouter de Clan Rover Kilimanjaro
Grupo Scout 217 Matterhorn





Seguimos Acampando,
Seguimos Avanzando.
Modificado el Jueves 07 de Noviembre de 2013 13:03
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