Vivir con la pañoleta, viajar con ella. Sentir las referencias que nos definen, nos recuerdan nuestra esencia y nos convierten en aquello que aspiramos cada día a ser. Vacaciones, verano, sinónimos de tiempo y oportunidades para hacer cosas que soñamos y nos atrevemos a hacerlas. Romper dinámicas y rutinas y sin embargo no dejar de ser uno.
Un viaje soñado desde hace muchos años: Noruega. Satisfacción de llevarlo a cabo. Viajar con la disposición de romper los tópicos, mitos, y tabúes aunque finalmente no se consiga. Al fin y al cabo queda la experiencia y es la que debe asentar nuestras convicciones: Noruega es el país más bello del mundo; los noruegos son dulces, amistosos y políglotas; aman los servicios públicos y adoran respetarlos y cuidarlos; es un país carísimo para casi todo y casi todos los viajeros y la comida es...y sí. muchos scouts por las carreteras, senderos y estaciones. Tópicos que vividos resultan realidades.
Un territorio enorme que impresiona e intimida. Grandes distancias en sus 44 Parques Nacionales, algunos con vastas extensiones casi vírgenes dónde los ojos no saben cómo acumular tanta belleza. Visitamos Handargevidda con sus mesetas inacabables. Hallingskarvet y su famoso Prestholtseter. Jostedalsbreen para sentir la nieve virgen de los glaciares y finalmente Fossestien y sus cascadas rebosantes.
La pañoleta mojada durante 10 días, con muchas experiencias y ganas de contarlas. Todo incorporado a ese archivo vivo que construimos con las experiencias de cada uno de nosotros y la satisfacción permanente de pensar que, el 217 también cruza Noruega.
Y pronto mucho más.
Seguimos Acampando,

Seguimos Avanzando,...en cualquier Selva del Mundo
p.d. Porque donde vamos uno, estamos todos-as







