Reflexión Acerca de la experiencia personal sobre la que “se suele hablar en estos casos”, quiero compartir con todos ustedes, compañeros, amigos y hermanos con los que día a día trabajamos hombro a hombro intentando que este mundo se encuentre algún día en diferentes condiciones de las actuales, a los Scouts como yo y a los que de alguna u otra manera intentan que la humanidad se vuelva cada vez menos fría y más ecuánime, quiero compartir que no soy el mismo después de haber conocido más a fondo la realidad de las personas que se encuentran en situación irregular en cualquier país del mundo; que desde ahora he decidido decir “Basta ya al Bla, Bla, Bla”
porque no entiendo cómo, cuándo hay algunos que exponen su vida para irse de su tierra en busca de algo mejor, no por huir, sino por dejar de sufrir; cuando hay muchos que no llegan vivos a su destino; otros, ni vivos ni muertos; cuando mis mismos compatriotas centroamericanos se marchan hacia los Estados Unidos desafiando a la patrulla fronteriza, el frío nocturno y el asfixiante sol del desierto, el crimen de la trata de personas y todas las inhumanas formas de exponer sus vidas; cuando cubanos, árabes, africanos, asiáticos y otros seres humanos de muchos países se lanzan en pateras y balsas, unos tras “el sueño americano” y otros buscando Europa con el mar en su mirada y la tierra a sus espaldas; no comprendo como los que vivimos de una manera más tranquila no pensemos en hacer cosas que ayuden, no valoremos el tiempo, los recursos, las oportunidades que tenemos y decidamos pasar de todo.
¡Qué suerte la mía! Estoy frente a un ordenador escribiendo unas líneas con la esperanza de que se conviertan en campanas que de alguna manera resuenen en la mente de alguien. En una cómoda silla de color verde, con una taza del mejor café del barrio a mi lado y con el pleno convencimiento de que juntos podemos hacer muchas cosas para cambiar el destino.
Me pregunto: ¿Cuánta gente está en este momento atravesando las fronteras de otro país de manera indocumentada?, ¿Cuántos están siendo arrestados por la policía?, ¿Cuántos llegarán a su meta y cuántos se quedarán en el intento?, otra pregunta no más alentadora taladra mis pensamientos: ¿Cuántos de los que podemos, estamos haciendo algo?
Amigos, sé que todos somos capaces de voltear y revolucionar el mundo, basta con hacer lo que nos corresponde de acuerdo a la posición en la que nos ha tocado vivir, todos podemos si queremos.
De mi parte, declaro que he recuperado la razón, que desde hoy dejo de dormir y me pondré a trabajar, porque mi corazón late ahora a otro ritmo, al ritmo que quisiera transmitir desde ésta, a la que yo llamo la “oficina de las ideas y las acciones”, al ritmo de: ¡Hay que cambiar la historia!