Cuando se habla de Derechos de la Infancia, todos o casi todos, decimos tener por lo menos alguna idea al respecto. Es muy cierto que hablar y escuchar acerca de Derechos de la Infancia, supone cierta facilidad en cuanto a conocimiento y aceptación (por lo menos del discurso), ya que cuando conversamos en los círculos de amigos o participamos de alguna presentación, por ser este uno de los temas en los que parecemos estar todos de acuerdo (eso espero) siempre opinamos a favor, o simplemente asentimos, que las y los niños tienen derecho a esto, que tienen derecho a aquello, que a lo otro y un montón de etcéteras.
Suele quedarse ahí el tema. Casi nunca genera debate, a excepción de cuando se habla de los niños en un contexto social específico y sobre todo, en situación de riesgo.
Pero, en términos generales (o específicos), planteo una pregunta con la única intención de reflexionar al respecto: ¿Hasta dónde debiera llegar nuestra implicación en reivindicar, argumentar y sobre todo accionar para que las y los niños no sean simplemente objeto fantástico de "causas" cuyo límite es un cajón rotulado IDEALIZAR?