En ausencia de toda realidad, en contra de toda lógica que nos mantiene atados a la oficina y desafiando a la edad o a los compromisos que nos impiden volver a ser chicos y chicas, coger el macuto, ponernos las botas y emprender la ruta, vamos a usar la imaginación, extraordinaria herramienta de libertad, para irnos todos juntos de campamento y de ruta con el Grupo.
Por las mañanas de campamento, el rocío nos visita muy temprano, cuando aún no vemos el sol salir detrás de las montañas, pero su luz ya empieza a abrigarnos y sabemos que hay que salir del saco, una fresca briza nos invade, las hojas están húmedas y hay un olor a hiervas y tierra húmeda, el cielo a veces se despierta abierto en un infinito azul y otras veces muy cerrado en grises nubes de lluvias de verano. Pronto te encuentras en una lujosa ducha, las paredes tienen pintadas praderas y los Picos de Europa por un lado, tiendas de campaña y árboles por el otro, y el techo es aquel infinito cielo azul.
Con el sol arriba de nosotros y después de un buen desayuno, cogemos el macuto, nos atamos bien las botas y empezamos a andar el camino, una de las actividades más importantes y significativas de un buen Scout ha empezado, en nuestra cabeza muchas expectativas de lo que vamos a encontrar al caminar. Solo somos nosotros y el camino, atrás quedan las tiendas de campaña y el mástil, mucho más atrás quedan los edificios y las calles del barrio, en adelante hacemos una conexión con la naturaleza, respiraremos aíre puro. La ruta ha empezado. No te das cuenta pero pronto has caminado lo suficiente para solo estar rodeado de árboles y montañas, a lo lejos escuchas la corriente de un río que desciende y ves tus huellas quedando atrás. No lo sabemos pero antes de nosotros muchos pasos se han dado por estos caminos, muchas personas han ido de aquí para allá, tantos pensamientos tranquilos han quedado estampados en el viento.
Castores y Lobatos viven su propia aventura como sacada de un libro, cada piedra o una simple rama son lo suficientemente interesantes para entretenerse, algunos corren, otros prefieren ir más despacio, pero siempre vamos juntos. De pronto alguien encuentra un insecto interesante y todos nos detenemos a observar, nos hacemos preguntas y seguimos nuestro camino, nadie falta el respeto a la naturaleza, no destruimos, buscamos sumar. Tan solo hasta la llegada de la noche, alguien pregunta “¿dónde dormiremos?”. No existe ninguna alarma al saber que dormiremos en el portal de alguna antigua iglesia o en el pasillo de una escuela, todo es emoción, todo es genial, además a medida que caminamos no solo nos conectamos con la naturaleza, también nos conectamos con los demás que nos acompañan, no hay intermediarios ni distracciones, vamos todos a un mismo paso, las palabras “yo” o “mío” se transformar en “nosotros” y “nuestro”, porque por las noches hace menos frío si estamos todos juntos y por el día la ruta es menos cansada si nos apoyamos unos a los otros.
Va cayendo el sol al mismo tiempo que se acaba el camino, la Tropa vamos arribando a un pequeño pueblo, la gente nos mira con curiosidad y asombro, somos muchos. Nosotros les miramos con alegría, no tardan nada en mirar nuestras pañoletas y devolvernos sonrisas. Es fácil notar que la forma de vivir ahí es distinta a la de la ciudad, hay más tranquilidad, la mayoría de las personas se conocen, hay un bar o dos a lo mucho, una despensa que abastece de alimentos y otros productos, a veces nos encontramos gente muy maja, otras veces personas más serias, pero al final siempre dejamos nuestra huella, la del Matterhorn. Sorprendemos el silencio con un par de danzas y juegos, acompañados de música y risas, de una total alegría. Algunos Troperos aprovechan para conocer el pueblo, embarcarse en alguna aventura por esas pequeñas calles, ubicar alguna fuente donde rellenar sus cantimploras y elegir el mejor sitio para cenar.
Para los Escultas y Claneros es como una de esas historias de película en que las personas caminan por grandes bosques, por viejos pueblos, nada más importa que las cosas nuevas que vamos a encontrar, lo que vamos a aprender. Puede que siempre estemos discutiendo todo, incluso hasta donde es mejor sitio para tumbarnos, pero en la ruta nos ponemos a prueba, como somos los mayores nadie nos revisa si llevamos el chubasquero, tampoco nos busca nadie un sitio donde dormir, lo hacemos nosotros mismos, tenemos que ser muy agiles y listos, creativos para resolver los inconvenientes, poco a poco nos vamos entendiendo mejor, nos escuchamos más, nos sentimos parte de una camaradería muy singular, te das cuenta que ese chico o chica que camina junto a ti no están diferente a ti, de hecho, es bastante parecido, con intereses y dudas similares, que todo aquello que nos hace diferente solo sirve para complementarnos entre sí, trabajar en equipo.
Por las noches, sentados en círculo bajo las estrellas tenemos una oportunidad muy especial de compartir unos con otros, de ser auténticos, de ser jóvenes en verdad. Sentados bajo la noche oscura resolvemos el mundo, cambiamos las cosas malas por buenas, soñamos como debe ser y no como es el mundo, tenemos el derecho y nadie cobra impuestos por imaginar, puede que seamos nosotros los que cambiemos el mañana, hay muchas historias, muchas risas, nos convertimos en una unidad, nos transformamos en un verdadero clan.
Pues bien, si has caminado hasta este punto del camino, ya debes entender que hay magia en las rutas, que no somos los mismos al final de ella, que es nuestra propia aventura, un reencuentro con la naturaleza, con los demás y con nosotros mismos, nadie cuenta la historia en realidad porque son nuestros pasos los que la van construyendo, que no seamos conscientes de esta magia no significa que no exista, porque pasados los años, recorridas las distancias, las memorias nos llevan a estos momentos en la infancia, en la juventud, es entonces cuando, ansiosos por escuchar RadiScout o cualquier noticia del Campamento en la web, sonreímos y entendemos la fortuna de caminar estás rutas, de ser Scout, de que nuestros hijos, hijas o amigos sean parte y continúen escribiendo más historias, porque el mundo solo puede ser distinto si cambiamos vidas.
Ahora solo nos queda dormir bajo el cielo nocturno, rodeados de amigos, reponer energías y levantarnos mañana para seguir la ruta, porque nos esperan más caminos, más personas por conocer, nuevas historias, encrucijadas y obstáculos, para poder volver a nuestro Campamento, el cual ya hemos asimilado como nuestro refugio, nuestro pequeño pueblo y hogar temporal, haya nos esperan para escuchar nuestras hazañas. Al llegar, desde lejos, puedes ver el mástil que te da la bienvenida, sabes que muchas actividades más aguardan, atrás quedan las imágenes de un camino que no se acaba porque siempre volveremos a la ruta, siempre estamos caminando y creciendo. Pero ahora solo quieres darte una ducha y correr al gran comedor donde las cocineras te han preparado una riquísima cena. Mañana será un nuevo día en el 217 Matterhorn.
No existe nada como vivir las aventuras, no puede encerrarse en unas líneas toda la experiencia, habría que escribir un libro entero con cada detalle y cada momento, pero creo que todos aquellos que por cualquier razón no podemos estar ahí, tenemos al menos el derecho de imaginar que estamos ahí. Buena caza a todos y todas en el 217 Matterhorn, a los que acampáis desde las tiendas de campaña y a los que acampáis desde casa. Nuestros pensamientos están con vosotros.

Frodo
Miembro del Grupo Scout 217 Matterhorn
Scouts de El Salvador







