Sus compañeros van a la escuela, ignorando su destino. No saben que
será un día triste, tampoco que hablarán de ellos en los diarios. Nadie
sospecha nada.
En la escuela el aire se siente normal, todos los alumnos estudian como
siempre, excepto uno, que no puede concentrarse, porque está nervioso.
Él sabe que algo sucederá, sabe que todos hablarán de él. Sabe que su
rostro saldrá en la tapa de todos los diarios finlandeses, porque tiene
un arma, y está decidido a usarla.
Dos horas después de la masacre, en la que mueren ocho jóvenes
inocentes, el video es borrado de la red. Su rostro ya no aparecerá en
Internet, sólo estará en la tapa de los diarios y en la memoria de los
padres de las víctimas.
El nombre de aquel ángel malvado será maldecido; él será el único culpable; es lógico, es el responsable, es quien largó los disparos.
Todos lo maldecirán y sostendrán que ese chico no es humano; la sociedad se mostrará aliviada al saber que, luego de hacer lo que hizo, el joven se suicidó. Todos desearán que no tenga paz. Así se sentirán vengados los familiares de las víctimas. Así la historia concluirá sin justicia ni impunidad. Todo será un capítulo más de la historia moderna: historia de una sociedad que se auto-destruye.
Pero también habrá algunas voces que no serán oídas, voces que sostendrán que la culpa es de la sociedad moderna, que aliena a la juventud. Pero esta no cumple condena, y es más fácil culpar al chico, que fue quien les disparó a los inocentes.
Es evidente, es más fácil, como es también más fácil, acostumbrarnos a que los jóvenes lleven armas a las escuelas, como es cada vez más fácil que nos matemos si pensamos distinto.
Todo nos resulta más fácil, y elegimos ese camino. Es fácil pensar que hay gente mala y gente buena, pero difícil, intentar descubrir cuáles son los errores de nuestra sociedad, aquellos que llevan a personas, como aquel chico, a cometer ciertas atrocidades. Evidentemente, conviene pensar que hay gente que nace mala en este mundo. Porque es más sencillo juzgar a los “descarriados” y continuar viviendo nuestras vidas.
Es más sencillo juzgar. Juzgar y sentar jurisprudencia para la próxima masacre, que, sencillamente, no nos asombrará.
Federico Guido Fiorentino
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Y esta vez le tocó a Finlandia…







