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Ahora la vida no vale nada

by Jose Ortiz

empleo_temporal.jpgLos adolescentes están perdidos, más perdidos que en los tiempos en que yo era uno de ellos.

Y yo creía que mi generación estaba perdida, por la falta de ideales. Tal vez haya sido el comienzo de una decadencia social que hoy empieza a mostrar su cara más terrible.

Un joven de 16 años murió por ser “flogger”. Al parecer, otros tres chicos de su edad lo mataron a piñas y patadas. Así son las tribus urbanas del presente.

Pero no quiero ser necio, algunos adolescentes de mi generación también pertenecieron a las hoy tristemente célebres “tribus urbanas”. Estaban los “hippies”, los “punkis”, los “darks” o “góticos” los “skinhead”, los “sharp”, los “rolingas”, los “ricoteros” entre otros. Pero aquellos grupos urbanos estaban inmersos en un marco de ideales, que hoy brillan por su ausencia. Ideas políticas formaban las banderas de pertenencia de aquellas tribus, en cambio, tanto los “floggers”, como los “emos” o los “cumbios”, por citar algunas, tienen una fuerza casi hipnótica que llevan a los adolescentes a agruparse por cuestiones tan triviales como: el gusto por el mismo tipo de música, la vestimenta o el simple y tonto hecho de publicar sus vidas en Internet.

Y no es que me molesten sus simples actividades, que no superan a las de un club de fans. El problema es que llegan más lejos de lo que deberían llegar, no sólo porque ocupan casi todo el tiempo de estos chicos, sino porque los enfervorizan, convirtiéndolos en pequeños luchadores que combaten en una guerra sin sentido.

Es así cómo el odio fluye de la simple diferencia y surge el efecto negativo en la cualidad “otro”. El “otro”, que es distinto -y opuesto- al “nosotros” se convierte en el peor enemigo de estas tribus vacías de sentido.

Nada de malo hay en el complejo hecho de sentirse “parte de”, mucho menos en este difícil mundo en el que vivimos, en el que la discriminación y la exclusión son las leyes generales del trato social cotidiano, enaltecido por los procesos imperantes de marginación y aislamiento social, abalados y potenciados por los medios de comunicación y el Estado.

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Nada malo hay en ser parte de un grupo que piensa como uno. El problema de las nuevas tribus urbanas es, justamente ese: que ya casi no se piensa. La vestimenta dejó de ser un mecanismo, y se convirtió en el objetivo principal de estos grupos.

Finalmente, pasó lo que muchos temíamos: las ideas fueron reemplazadas, escandalosamente, por las piñas y las patadas.
 

*Dedicado a todos los que dieron la vida por un ideal

 

 

 

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Federico Guido Fiorentino
Miembro del Grupo Scout Benito Meana (Buenos Aires)y del Grupo Scout 217 Matterhorn (Madrid)
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