Noto que cambian las formas y los colores, las canciones, algunas costumbres que me llaman la atención precisamente porque son inéditas para mí. Si ganas un rato relacionándote con los Scouters y escuchas sus millones de proyectos, de propuestas, su inagotable capacidad para estimular, si escuchas cómo hacen balance de los talleres de nudos, dibujándote las manos temblorosas del pietierno ante la cuerda y la fuerza de su alegría cuando al fin el nudo sale, cuando veo todo ésto y me pregunto ¿qué hay de nuevo por aquí?, no encuentro respuesta ni novedad.
Nunca las cosas fueron iguales a sí mismas tal y cómo eran justo un instante antes. Cuando un atrevido general del ejército británico se harta de ver las miserables condiciones de los chavales en la Inglaterra de las Revoluciones Industriales y se lleva a unos chavales desarrapados sin uniforme alguno a Brownsea, no cuenta con respaldo alguno en un pasado que estaba empeñado en llevarle la contraria. Inicia la batalla más potente de su historia, nada menos que la del futuro de la educación en valores, y la capacidad transformadora innata de los jóvenes y descubrirá (no podía saberlo previamente) que su idea le superará en el tiempo porque siempre habrá jóvenes, realmente siempre todos somos jóvenes para educarnos.
Lo que hacen los scouts ahora aunque ellos no lo perciban en su día a día es ¡¡¡estar creando tradición!!!. La maravilla de este modelo es su continuidad y plasticidad: ¿hay alguien que conozca otra institución dónde después de 24 años alguien pueda aterrizar de nuevo y codearse, mancharse, sentirse, notarse, en lenguajes, proyectos, actividades cómo si ese tiempo no hubiera pasado?
Ahora el 217 incorpora cómo un proyecto más, una unidad más ,el bagaje de aquellos scouts que no saben dejar de serlo y vienen con su "biblioteca" personal algo amarillenta y polvorienta pero se sienten en casa sabiendo que algunos de esos "libros" no se volverán a leer y otros habrá que traducirlos y encuadernarlos. Han sido invitados a descolgar botas y silbatos. No saben decir "no" porque se traicionarían a ellos mismos y sus promesas, "listos para servir", felices, hablan entre ellos y se dicen "vaya,vaya, amigo, Jefe, Guía, quién nos lo iba a decir, ¡con todo lo que nos queda por aprender, estos de ahora no hacen más que crear tradiciones, los tíos!"
BUENA CAZA A TODOS
Quique Ortiz Zorro Mandón
Guía de la Patrulla Alces. 1980 Tropa Tibet
Seguimos Acampando
Seguimos Avanzando
SCOUTS DESDE 1961
Echan algunos viejos lobos sus aullidos al aire en recuerdo de "aquellos tiempos felices que ya nunca volverán". Se llama nostalgia, melancolía, tradición. Pero no todas esas palabras de fácil encadenamiento significan lo mismo ni tienen el mismo valor. La tradición es la raíz y además un recurso, un valor, un bagaje que, por naturaleza, nos resulta fácil transmitir, más fácil incluso que perderla. La nostalgia y la melancolía pertenecen a las pulsiones del espíritu y del carácter, la tradición a la acumulación, la cultura y la formación. Las primeras son individuales, personales, subjetivas. La tradición es colectiva, grupal, y objetiva. Imaginemos que uno es amante de los libros y le regalan una biblioteca de miles de volúmenes; entre ellos habrá sin duda algunos que no le interesen en ese momento o tal vez nunca lo harán, otros es muy probable que ya los tenga o habrá leído, algunos pueden no estar en el mejor estado pero, seguro, seguro, que no se negará a aceptarla y la tomará cómo tal, como el valioso regalo que amplía sus posibilidades lectoras aunque ahora lea cosas más actuales y no deje de ampliarla, cuidarla, reorganizarla y, en el futuro, legarla.







