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REIVINDICACIÓN DE LA OSCURIDAD

by Jose Ortiz
141.jpgREIVINDICACIÓN DE LA OSCURIDAD
Por Hector y Leticia Casariego
 
Hay demasiadas cosas a las que nos hemos acostumbrado sin cuestionarlas. No nos referimos a dilemas morales, que han sido básicamente los mismos desde el comienzo de la humanidad, sino a aquellas cuestiones que se nos presentan como progresos económicos o avances tecnológicos destinados a producir mejoras en nuestra calidad de vida. A veces, hasta podemos participar activamente en su desarrollo o  implementación, convencidos de su utilidad. Entonces ¿Cómo podríamos cuestionarlos? 
 
Sabemos que el progreso económico puede detenerse y hasta revertirse, lo hemos vivido. Pero consideramos que los avances tecnológicos son un camino de una sola vía, que ya no habrá otra edad media. Probablemente será así, hasta el día en que ocurra una catástrofe de alcance mundial. Sin embargo, la aparente irreversibilidad del conocimiento técnico no debería obligarnos a aceptar sus consecuencias sin chistar. Por ejemplo: Es natural que mucha gente quiera especialmente a los caballos, ya que hemos tenido con ellos una larga y provechosa relación simbiótica, un contrato tácito que duró más de ocho mil años. Por desgracia, su población se ha reducido enormemente durante el siglo pasado, al extremo de haber en nuestras ciudades muchos niños que jamás han visto uno de cerca. Es que hemos roto el contrato luego de retirar las ganancias, porque como daño colateral del uso generalizado del automóvil, comenzamos a considerarlos obsoletos, ineficientes, caros e innecesarios para la vida diaria. Es bastante probable que los caballos no estén de acuerdo, pero nadie se ha molestado en preguntarles.
 
Puede decirse, en la mayoría de los casos, que hemos cambiado por algo mejor y tal vez sea cierto. Pero deberíamos siempre pensar, siquiera como ejercicio de la imaginación, en lo que estamos destruyendo al construir. Sería bueno que en todo momento tuviéramos la mente abierta para hacernos preguntas aparentemente tan absurdas como: ¿La nueva mascota robot reemplazará a mi perro? ó ¿Cuántos megapixels debe tener una pantalla para superar a los cuentos de la abuela?

Quien esto escribe no es un neandertal asombrado por las nuevas puntas de lanza de los homo sapiens, sino más bien un cómplice arrepentido, quien tiene una larga lista de remordimientos, tan larga como la de cosas que hemos perdido por no cuestionar. Para una de ellas no es tarde todavía, pero debemos alertar que corre serio riesgo de extinción a corto plazo. Lamentablemente, ¡estamos perdiendo la oscuridad!

Debemos reconocer que siempre ha tenido mala prensa, se la ha relacionado con el peligro, la ignorancia, la traición y hasta lo demoníaco. El origen de estas calumnias no es difícil de rastrear, ya que la mayoría de los depredadores del hombre primitivo tenía hábitos nocturnos. No era muy aconsejable para la salud aventurarse de noche fuera de la caverna, hacia el oscuro dominio de las bestias. Hasta el día en que apareció el primer gran desarrollo técnico, el fuego, con el cual se podía mantener alejada a la oscuridad, y por lo tanto, al peligro. Y nos gustó. Nos acostumbramos, no cuestionamos. Allí comenzó todo.

Muchas cosas han pasado desde entonces, entre otras, que ya no hay tantos depredadores nocturnos. Actualmente los más peligrosos y sanguinarios visten traje y corbata y cazan de día, principalmente en las zonas bancarias. Sin embargo, no nos hemos liberado de aquel miedo atávico a la oscuridad. Llevados, sin saberlo, por el recuerdo de aquella maravillosa primera noche de luz y seguridad en la caverna, desarrollamos la idea inconsciente de que el único sentido digno de confianza es la vista, y de que ésta solo funcionaría con mucha luz. Exageramos. Hemos causado la degradación del oído, el olfato y de algún otro sexto sentido que ni siquiera recordamos haber tenido. Iluminamos nuestras casas, calles, parques, comercios, autopistas y todo rincón donde trascurran nuestras vidas, como si tratáramos de negar la existencia de la noche. Es la dictadura de la luz. Un enorme despilfarro de energía y de falta de respeto por los pocos, solitarios renegados que quisiéramos, aunque fuera de vez en cuando, poder ver un cielo profundamente oscuro donde brillen miles de estrellas.

Tal vez los fundamentalistas de la iluminación no sepan lo que se pierden. Tal vez nunca estuvieron en un fogón nocturno en las montañas, escuchando historias, reconociendo constelaciones, compartiendo una cena con gusto a leña y otras tonterías así. Seguramente nunca habrán perdido el tiempo en sentarse en medio de un bosque, en completa oscuridad, tratando de reconocer cada sonido, cada olor, cada vibración del aire, hasta poder ubicar los árboles sin necesidad de verlos, hasta sentirse parte de ellos. Jamás se les habrá ocurrido caminar por la orilla de un río, a la sola luz de las estrellas, abrazando al ser querido, escuchando el rumor del agua y admirando una lejana tormenta eléctrica, ese espectáculo tan abrumadoramente superior a las luminarias de la autopista. Sin duda, artificialmente encandilados, ellos cerraron sus mentes y nunca han podido ver que existen mil mundos de maravillosas posibilidades más allá de las pantallas de sus televisores.

Los renegados no somos tan pocos en realidad, pero estamos desorganizados, seguramente porque la organización requiere de una opción previa. No queremos estar obligados a optar. El remedio para la intolerancia no debe ser otra intolerancia inversa. Hemos sido partidarios de la luz, aún lo somos, hemos colaborado con la iluminación, apreciamos lo mucho que tiene de bueno, ya no podemos prescindir de ella. Pero no debe interpretarse que estemos dispuestos a aceptar  los abusos sin resistir. La coexistencia del día y la noche tiene que ser una realidad, basta de invasiones. Lucharemos para derrotar a la dictadura de pensamiento único. Exigimos la reivindicación total de la entrañable oscuridad, tan  injustamente difamada, y el inmediato reconocimiento de la existencia de la noche como su territorio natural. Hemos llegado demasiado lejos por no cuestionar a tiempo. No debemos repetir el mismo error.
Modificado el Miércoles 05 de Marzo de 2008 00:25
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