Hace unas semanas, cinco scouters de nuestro Grupo fuimos hasta Islandia para ver las posibilidades que ese país ofrece para desarrollar un proyecto SCOUT 217.
Tras dar la vuelta a la isla (que es más grande de lo que parece), la sensación con la que regresamos a Madrid quizás la tenga cualquiera que vuelva de Islandia: sabrá que acaba de conocer un lugar muy diferente de lo que antes ha visto. El hecho de estar situado tan al norte (roza el círculo polar ártico) y de la gran actividad volcánica que hay hace que los paisajes de la isla sean difícilmente comparables con otros lugares. Cada cascada, monte o fiordo tiene una particularidad que te recuerda que estás en un lugar único.
Allí que nos plantamos, armados de provisiones básicas -una bolsa de pan de molde que nos sobró de la cena- un todoterreno de alquiler, varias guías y planos y un poco de desparpajo castizo que siempre es bueno cuando vas por el mundo a descubrir nuevos lugares.
El primer día pudimos dar una vuelta por Reykjavic, la capital del país, una bonita y pequeña ciudad de estilo nórdico. En Reykjavic y alrededores habita la mayoría de la población del país, en nuestro viaje pudimos comprobar que la densidad de población en casi el resto del territorio es muy baja. Como también lo es la densidad del tráfico, de ovejas en los prados... no es un sitio masificado, vaya.
Continuamos nuestro viaje hacia el este por la carretera 1 (carretera principal, que da la vuelta a todo el país), donde vimos paisajes que nos recordaban a Castilla, como si fueran frondosos prados de cereal, aunque aquí lo eran de musgo enorme. También vimos desde el coche las primeras cascadas del viaje (la isla entera está salpicada de cascadas, de mil formas y caudales diferentes), y paramos en una especialmente bonita llamada Skógafoss. De vuelta a la carretera, continuamos viaje hacia Vik donde pudimos visitar una preciosa playa virgen de arena negra.
El Parque Nacional de Vatnajokulsthjodgardur fue el siguiente alto en el camino: unas montañas que se elevan sobre la llanura de la costa cubiertas por una exuberante vegetación. Exuberante vegetación de arbustos, los árboles prácticamente brillan por su ausencia en todo el país. Dentro del parque se encuentra también un glaciar inmenso, que en algún punto se ve cómo los bloques de hielo caen y van, a la deriva por un corto curso de agua, hasta el mar.
El camino nos llevaba hacia el noreste, por los fiordos orientales. Ya de noche fuimos testigos a lo lejos de la actividad volcánica de la isla. Unos destellos de luz roja entre dos montañas indicaban sin duda que a unos kilómetros de allí un volcán estaba echando lava a todo gas.
A la mañana siguiente nos desviamos del camino para introducirnos por las montañas y darle un poco de caña al 4x4. El paisaje era muy bonito y, como no, con cascadas por allí y por allá, y a los pocos minutos una espesa niebla nos censuró tan bucólicas imágenes. Seguimos viaje hacia el fiordo de Seydisfjordur, un bonito enclave desde donde salen los ferrys hacia Dinamarca y las Islas Feroe. Fue aquí, oh milagro de la naturaleza, donde pudimos ver los únicos árboles de la isla: una zona de replantación junto al lago Lagarflojt.
La carretera 1 nos trajo una de las grandes sorpresas del viaje, pues de repente nos vimos atravesando, en la zona más al norte de la isla, un vasto territorio desértico. Cualquiera diría que estábamos en Almería o en el Colorado. Sin embargo, ahí en medio hay dos cascadas, Hafragilsfoss y Detifoss por las que baja una cantidad monstruosa de agua, nada comparable a lo que yo haya visto en la vida.
Más adelante nos esperaba el lago Myvatn, rodeado de zonas volcánicas donde puedes subir a un cráter dormido, pasear por un campo de lava o andar entre densos vapores con olor a azufre que salen de la tierra a todo trapo. Después pasamos la noche en Akureyri, la segunda ciudad de Islandia que se encuentra extendida sobre el fiordo Eyjafjordur.
Durante el siguiente día de viaje la carretera iba alternando los paisajes entre suaves fiordos, y un poco más al interior, de nuevo montañas cubiertas de musgo y arbustos. Así hasta que llegamos al Parque Nacional de Thingvellir, un bello paraje donde se puede ver la falla en la que se juntan las placas tectónicas americana y euroasiática. Cerca del parque se encuentra también el géiser Geysir, que como se puede comprobar le da el nombre a todos los demás y es el rey de los géiseres. En una de las guías decía que estuvo “estropeado” por culpa de los turistas hace unos años (tiraban piedras a su interior para “ponerlo en marcha”), pero ahora funciona como un reloj, cada unos pocos minutos hay una explosión de agua caliente que sale de la tierra, como si nada.
Por último en nuestro viaje, fuimos al Centro Scout Ulfljotsvatn, una finca enorme con todas las instalaciones propiedad de la asociación nacional scout islandesa, que bien podría servir de base para realizar un proyecto en el país. Con ellos compartimos ideas y propuestas de actividades, las cosas que ofrece la isla, rutas de senderismo, actividades de servicio para realizar...
Y así llegó el final de estos días en los que hemos podido hacernos una idea sobre un país maravilloso, con un medio natural incomparable en el que hacer actividades scouts y disfrutar. Y nos hemos vuelto sabiendo, al mirar en los mapas hacia el interior de la isla, que Islandia tiene mucho, mucho por descubrir.
Como apoyo, os proponemos el vídeo del enlace, http://youtu.be/5yDkaq5xgAc
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