La impresión que se lleva el viajero cuando se acerca a Trujillo, hermosa ciudad medieval, es la de encontrarse ante un medieval barco varado en un cerro de canchales (peñascales o lugares de piedras descubiertas y sueltas en las laderas de la montaña). La ciudad se eleva orgullosa y vigilante sobre una sorprendente y hermosa protuberancia granítica.
Trujillo hay que recorrerlo a pie, paso a
paso, con sosiego, no es para turistas de cámara y ventanilla de
automóvil, sino de zapato, sombrero y bastón; Trujillo necesita su
tiempo porque, una vez aquí, las horas empiezan a dejar de tener
importancia.
Es Trujillo una ciudad abierta, clara,
confortable, apacible y que da una sensación de bienestar de hidalgo
campesino. Así era y así es Trujillo: Un centro de encuentro entre razas
y culturas edificado sobre el cerro “Cabezo de Zorro” para dominar en
llano unos límites que están rayados entre el Tajo y el Guadiana.
Trujillo será la primera parada que realizaremos en nuestro camino del Campamento de Navidad Lisboa 2010